25 de marzo de 2017

La jueza Sandra Arroyo Salgado fue víctima de un robo

Según denunció, le abrieron el auto en el estacionamiento de un centro comercial. Le robaron una computadora y otras pertenencias. Interviene la justicia federal.


Sandra Arroyo Salgado, jueza federal de San Isidro, fue víctima de un extraño robo en la noche del viernes en el complejo Norcenter, en Munro.
En un hecho que se investiga, delincuentes le abrieron el auto mientras estaba en un estacionamiento y se llevaron su computadora personal de trabajo. Lo que despierta sospechas es que además le robaron documentación.
La ex esposa del fiscal Alberto Nisman cuenta con custodia policial, con efectivos que dependen de la Superintendencia de Seguridad y Custodia.
Diario Registrado
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La culpa es de Cristina y esto complica mas a Boudou!!

Soberanía económica

La economía en 2016 cayó 2,3 por ciento respecto de 2015, cuando había crecido 2,6 puntos sobre 2014. Son mediciones que presentó el Indec esta semana. La crisis se mantiene en lo que va del año, con un retroceso también de 2,3 por ciento en febrero y del 1,4 en el primer bimestre en las comparaciones interanuales, de acuerdo al consultor de la city Orlando Ferreres. Otra usina neoliberal como FIEL registró una contracción del 9,5 por ciento en la actividad industrial el mes pasado. El consumo, a su vez, volverá a entregar en marzo resultados negativos, según anticipan especialistas del sector que pulsan la marcha de la demanda. La contundencia de los datos dejó en el olvido la promesa de una lluvia de inversiones que había realizado Mauricio Macri en campaña electoral. La inversión, de hecho, se desplomó 7,7 puntos en el último trimestre de 2016 y finalizó con una baja de 5,5 en el acumulado del año. Esa performance desastrosa, sin embargo, no impidió que la agencia internacional de calificaciones de riesgo Moody’s mejorara de estable a positiva la perspectiva de la nota para los bonos argentinos, decisión que su comité de evaluación comunicó el mismo día que cientos de miles de personas se movilizaron en el reciente acto de la CGT. 
Moody’s premió al Gobierno a pesar de que a fines de 2015 proyectaba una baja del PIB de solo 1 por ciento para el año siguiente, menos de la mitad del derrumbe que finalmente se verificó. Desde que Macri fue electo presidente, la calificadora movió tres veces hacia arriba sus consideraciones sobre la marcha del plan económico. La primera fue una prueba de fe, ya que se produjo apenas dos días después del triunfo de Cambiemos en el ballotage frente a Daniel Scioli, pasando de estable a positiva la orientación de la nota para el país. La segunda fue la suba de la calificación por el arreglo con los fondos buitre, el 15 de abril del año pasado. Y la tercera el 7 de marzo último, cuando sostuvo que “el gobierno de Macri ha implementado con éxito políticas destinadas a hacer frente a algunos, aunque no todos, de los principales desequilibrios macroeconómicos y las distorsiones microeconómicas que ha heredado”. “Esto representa un importante cambio en materia de políticas con relación al anterior gobierno”, celebró la entidad, que durante la etapa kirchnerista castigó a los títulos argentinos con las peores evaluaciones, incluso durante los años de crecimiento a tasas chinas.
El acompañamiento militante de Moody’s al primer experimento neoliberal argentino conducido por sus propios dueños, el equipo de los CEO, se explica en su carácter de vocero del establishment financiero, que ha recuperado ganancias extraordinarias con las emisiones descontroladas de deuda pública, con las libertades concedidas a la entrada y salida de capitales especulativos, con la desregulación de comisiones y tasas bancarias y con la bicicleta que facilita el Banco Central gracias al ancla cambiaria y las altas tasas de interés. Cuando se llega al punto de que hasta Mirtha Legrand le reprocha a Macri que no ve la realidad, la respuesta del Presidente es que sí la ve, que las cosas van muy bien porque la Argentina está de regreso en el mundo. Lo que no aclara Macri es que se trata del mundo de Moody’s, un planeta que queda a años luz de las preocupaciones de industriales, pymes, trabajadores y jubilados de este suelo. Esa definición de cuál es la realidad que le interesa al Gobierno es un elemento central, excluyente, para el análisis de lo que está pasando y anticipar lo que vendrá. 
Una de las razones para esa elección de la alianza entre el PRO y la UCR es que su supervivencia en el poder depende de mantener lubricado un canal de endeudamiento del tamaño de un camión con acoplado de ocho ejes. Es la misma lógica que los radicales ya conocen de la experiencia de Fernando de la Rúa, quien supo decir “qué lindo es dar buenas noticias” cuando consiguió el “blindaje” del FMI un año antes de su salida en helicóptero. “Queridos argentinos, los esfuerzos de este año dieron sus frutos. He anunciado un blindaje internacional que nos saca del riesgo y crea una plataforma extraordinaria para el crecimiento. Llega después de un año difícil, difícil para ustedes que están soportando una crisis prolongada que lleva casi cuatro años castigándonos. Pero en definitiva, terminamos este año con un gran éxito. El blindaje 2001. Esto es lo que estábamos haciendo mientras algunos decían que no hacíamos nada. Arriesgué mi capital político para tomar las medidas más duras en el primer año… Qué importa, si a cambio he logrado protección y fuerza para la Argentina. Es un éxito para mí como presidente y para todo el pueblo que se beneficiará, porque a partir de esta extraordinaria operación económica podremos crecer espectacularmente y comenzar a generar los empleos que necesitamos. El mundo ha sabido ver las virtudes de un gobierno serio y de un país con futuro. Ahora nos toca crecer mucho, trabajar mucho y hablar menos. 2001 será un gran año para todos, qué lindo es dar buenas noticias”, pifiaba De la Rúa a finales de 2000, cuando dos más dos, igual que ahora, daba cuatro. Por supuesto que hay diferencias notables entre 2001 y la actualidad, ya que en el medio se generaron colchones productivos, de empleo, de inclusión social y de desendeudamiento, entre otros, que no existían al comienzo del siglo, pero la concepción de dar señales al mercado y atarse a lo que digan los representantes del capital financiero, como Moody’s, es calcada. Esa dependencia, que va consumiendo grados crecientes de soberanía económica, volverá a aumentar este año con nuevas emisiones de bonos de todos los colores, pavimentando la verdadera pesada herencia que dejan a su paso los gobiernos que prometen derrames de la riqueza y lo único que hacen es concentrarla cada vez más.
Moody’s acompaña la estrategia macroeconómica que fijó quien ejerce en los hechos como ministro de Economía, Federico Sturzenegger. El presidente del Banco Central, secundado por los secretarios de Hacienda, Nicolás Dujovne, y de Finanzas, Luis Caputo, con rango de ministros para darles más lustre, apuesta la suerte de Cambiemos a las metas de inflación. Bajar el ritmo de los aumentos de precios es su única preocupación. El resto de las variables son secundarias, incluido el nivel de actividad, la ocupación y la evolución de los sectores productivos.  “Moody’s espera que una menor inflación impulse los salarios reales y el consumo, y que el proceso de deflación dé apoyo al objetivo del Banco Central de alcanzar una inflación de un solo dígito para 2019”, explica la calificadora en su comunicado del 7 de marzo. En otro párrafo, refuerza la idea de que la recuperación llegará de la mano de la baja de la inflación. “Esperamos que la economía crezca un 3 por ciento en promedio este año y el próximo, impulsada por un mayor consumo en la medida en que la inflación disminuye y aumentan las inversiones públicas y privadas”, sostiene, aunque no deja de advertir que a partir de 2018 el Gobierno también deberá esforzarse en una reducción persistente del déficit fiscal. 
Para disciplinar precios, el oficialismo mantiene atado al dólar, las tasas de interés elevadas, abre la economía a las importaciones, busca imponer un techo a las paritarias e intenta con atajos como Precios (y ventas) Transparentes. Es un plan de shock para la industria, el empleo y el salario. Con el agravante de que la inflación todavía no baja, como reconoció el Indec esta semana al estimar un alza de la canasta básica de 2,6 por ciento en febrero. El Banco Central se concentra en factores monetarios y en la evolución de la demanda como causantes de la inflación, y se despreocupa de lo que ocurra por otro lado con cuestiones tan determinantes como la escalada de los costos -como los incrementos de tarifas de los servicios públicos-, la puja distributiva, la ineficiencia de mercados concentrados y con el comportamiento de los formadores de precios, que golpean en el IPC. Los nuevos créditos hipotecarios a 30 años que indexan por inflación cargan con ese pequeño problema ya de arranque. Sturzenegger invita a los potenciales deudores a subirse a la aventura de un país con precios bajos por tres décadas, como Onganía soñaba quedarse veinte años y la ley de intangibilidad de los depósitos era para siempre.
“Es una política como la que profundizó Brasil a principios de 2015. En ese momento los analistas de mercado decían que podía haber una recesión leve por un período corto, después dijeron que no iba a durar más de cuatro trimestres y ahora dicen que en el mejor de los casos este año la economía crecerá 0,5 por ciento, después de haber caído 3,8 y 3,6 por ciento los últimos dos años, los peores resultados en 80 años”, recuerda Jorge Carrera, profesor de Finanzas Internacionales de la Universidad de La Plata y ex jefe de Investigaciones Económicas del Banco Central. Moody’s supo acompañar al país vecino con las mejores calificaciones cuando imponía esas políticas y le soltó la mano, como el FMI a la Argentina en 2001, cuando la debacle se hizo incontrolable. Ahora Brasil se arrastra con reformas jubilatorias y laborales que quitan derechos básicos e históricos a los trabajadores. Esta semana se aprobó una ley de flexibilización escandalosa, que habilita la tercerización laboral precarizada en toda la economía. “Se está enterrando la ley laboral vigente desde 1943. Para esto fue realizado el golpe contra Dilma Rousseff”, denunció Carlos Zarattini, jefe del bloque del Partido de los Trabajadores (PT). A otro ritmo, con sus particularidades, límites y diferencias, la política económica nacional marcha en la misma dirección.
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La costumbre que sigue creciendo


La escena desconcertaría a algún observador esquemático o ultra cartesiano. Se está terminando de leer el documento en el palco. Es momento de desconcentrarse, en cualquier marcha o movilización del planeta. Sobre todo porque se acercan las cinco de la tarde y desde mediodía la marea humana fluye, crece y no cesa. Sin embargo, miles y miles de manifestantes “sueltos”, en pequeños grupos, siguen rumbeando hacia la Plaza de Mayo por las veredas de las Diagonales o la Avenida de Mayo. En las calzadas, las columnas no se dan vuelta. Y en la Avenida 9 de Julio, a siete o diez cuadras del epicentro, hay columnas con decenas de miles de participantes que siguen camino a la Plaza. 
“¿A qué van si todo está terminando?”, podría indagar un politólogo noruego recién llegado a esta tierra. Un colega sueco, con más millaje en la Argentina, podría contestarle con sencillez que siguen yendo porque ellas y ellos son el acto, quieren participar, decir presente, poner el cuerpo. 
El cronista se cruza con personas que conoce desde hace tiempo y con varias que lo reconocen. La alegría del encuentro, esa magia del hecho colectivo, se expresa en abrazos interminables, risas, autocelebraciones. En algún momento llega la pregunta al periodista, que se supone que sabe… o debería. “¿Cuántos somos?” Imposible determinarlo, a ciencia cierta y a ras del piso. 
Profesional al fin, aunque manifestante desde hace décadas también, el escriba se interroga o cuestiona. PáginaI12 podía haberle facilitado un dron o un helicóptero. O uno mismo podría haber alquilado, solo por marzo, un departamento con balcón en un piso alto en la Avenida de Mayo. O así más no fuera (lo aspiracional también existe) uno podría medir por una tarde 1,95 metro, esto es 25 centímetros más de lo que le depararon Natura, los genes familiares o el cerebro que (ahora dicen) todo lo condiciona.
Pero no hay recursos materiales ni es posible pegar el estirón ya pasada la madurez. Para ser francos, no importa para esta crónica. Habrá fotos o imágenes televisivas que den visiones panorámicas. La mejor cobertura para contar un acto en prosa es haciendo infantería, caminando, rozando cuerpos, escuchando cánticos, oliendo gastronomía callejera.

Sí es determinante señalar que –sin haber terminado el mes– ésta fue la quinta movilización con una asistencia multitudinaria, en la Plaza histórica o en treinta cuadras a la redonda. Dos de los docentes hidalgos, una de la clase trabajadora en su amplio abanico y con todas sus organizaciones, las mujeres del 8M, el enésimo 24 de marzo. Esa seguidilla, tal vez, sea única en nuestra rica historia política.
Las manifestaciones interpelan, cuestionan, sobresaltan, rebasan, sulfuran al gobierno del presidente Mauricio Macri, a quien alguien le sopló un párrafo del “Nunca Más” para que colgara en su Facebook. Ese volumen seguramente no integraba la bibliografía del Cardenal Newman cuando “Mauricio” cayó ahí para educarse o, por ahí, ascender socialmente.
El PRO es ajeno a la lucha por la Memoria, Verdad y Justicia desde sus orígenes. 

Escribimos “enésimo 24 de marzo”: es una licencia de lenguaje. Las rememoraciones están contadas desde el regreso de la democracia. En los primeros años la concurrencia estuvo signada por la militancia, la pertenencia y el compromiso previos: prevalecían los iniciados. La masividad explotó en el vigésimo aniversario, en 1996 cuando todavía estaban frescas como heridas las defecciones de los gobiernos democráticos: Punto Final y Obediencia debida alfonsinistas, indultos menemistas. El bipartidismo peronista-radical había cedido, cada cual a su manera y con su discurso.
Desde entonces la liturgia congrega cantidades impresionantes de gente. El 24 de marzo devino una muestra aggiornada, cambiante, de las luchas democráticas de cada momento. De los derechos humanos del presente, de los que tanto hablan quienes arrían banderas cuando no embisten contra sus portadores. Se sumaron las reivindicaciones de género, las rebeldías contra las discriminaciones de todo tipo, los reclamos de los pueblos originarios, cien etcéteras.
Ayer hicieron centro el pedido de libertad para Milagro Sala, presa política del gobernador radical Gerardo Morales y el presidente de PRO. Y las banderas o pancartas insistiendo en que “Son 30.000” refutando los intentos negacionistas y aviesos de portavoces del oficialismo. Dediquémosle un vistazo a las dos señales más específicas de 2017. Focalicemos entre la marea que se reproduce.

Hay conmemoraciones en todo el país. La central lo es por la gravitación del número, por el peso simbólico del escenario. Y, en especial, porque en ella desfila “la bandera de los organismos” con las imágenes de los compañeros y compañeras detenidos desaparecidos. Un silencio inicial la acoge y luego el aplauso se eleva, se ramifica, se prolonga durante tantos minutos.
La columna que “va detrás”, escogida cada vez por los organismos, expresa una señal potente, a menudo dolorosa, de cada coyuntura. Ayer fue la orgullosa columna de la Tupac. Es interminable, resalta, se distingue. Muestra colores, rostros, vestimentas que hablan de pertenencia mayoritaria a los sectores más humildes de la sociedad argentina. Tan orgullosos como cualquiera, tan valientes como para desa-fiar la persecución feroz, a menudo ilegal que les depara Cambiemos.

Hay mayoría amplia de sub 40 y, quién sabe, de sub 30. Parejas jóvenes nacidas en democracia llevan a sus críos en brazos, en cochecito o pegados al pecho. El autor se preocupa a priori por las criaturas: apretujones, riesgos. Su reflejo es, seguramente, exagerado o anacrónico. La multitud es serena, altiva, “cuida”. 
El pacifismo de las movilizaciones desbarata la narrativa macrista que ve violencia donde hay demandas, reivindicaciones, orgullo de pertenecer.
Lo que no saben los corifeos oficiales lo saben los emprendedores del mercado. Nadie se priva de vender los días de fiesta popular. Desde los artesanos que muestran sus producciones sin recelos hasta las cadenas gringas de cafés o hamburguesas, pasando por los bares repletos de las avenidas.
Nada hay que temer, salvo lo que claman esas masas: descontento, críticas, la sabiduría plebeya de ocupar el espacio público.

“Lo pérfido es negar los 30.000”, dice un cartel, mientras los coros ensayan otras variantes. Darío Lopérfido es una figura menor, de reparto. Sus palabras, empero, merecen debatirse porque sirven de coartada a los represores. Lopérfido es un personaje refinado en sus gustos mundanos, un cuadro de derecha rancia. Pero sus devaneos sirven (adrede) de coartada a nostálgicos del terrorismo de estado que tapan carteles, ensucian baldosas de la memoria con sus artificios numéricos.
Nadie contó a los detenidos desaparecidos como tampoco a los judíos víctimas del Holocausto u a otras minorías que padecieron el genocidio nazi. 
Son imperfectos, “fechados” los datos del “Nunca Más”, conseguidos en los albores de la recuperación democrática. En un profundo artículo publicado en El Dipló de marzo, el investigador Daniel Feierstein explica que “la aparición de casos deja claro que cualquier cifra a la que se arribe no es más que una aproximación parcial”. Una verdad sencilla, casi de Perogrullo, que se ratifica cada vez que un nieto apropiado recupera la identidad. O que una familia que calló por años, se anima, en el nuevo contexto. O cuando se desclasifican documentos o se reconocen cuerpos mediante el sabio uso del ADN.
Feierstein cuenta que él mismo dirige una investigación en Tucumán. La Conadep registró allí 609 casos, bajo la sombra de la ignorancia y del terror todavía latente. Los estudios que conduce Feierstein corroboran el doble de casos (ya registrados). Y las averiguaciones todavía siguen: los hechos trágicos se siguen develando, acicateados por la reapertura de los juicios por crímenes de lesa humanidad, producida en la etapa kirchnerista.
Son ejemplos, entre tantos. Casi es superfluo mencionarlos porque la discusión no es inocente ni busca la precisión histórica. Su afán es descalificar la lucha de los organismos de Derechos Humanos. Primero fueron los represores, luego sus aliados empresarios, aquellos que configuraron el golpe cívico militar. Ahora es una coalición de derecha, ganadora en elecciones libres, que anhela confrontar con las conquistas de los trabajadores, los avances de la sociedad civil y con los mejores protagonistas de las luchas civiles en la Argentina.

A mediodía se descargó un inesperado chubasco tropical de verano en la Capital. Se ensombreció el cielo, diluvió. Era una injusticia meteorológica que resultó menos perdurable que tantas otras. El sol asomó, tal vez mezclado con demasiada humedad. En promedio, se vivió una jornada agradable, luminosa, como los rostros de quienes la construyeron.
El politólogo noruego recaló en un bar sito a medio kilómetro del palco, mientras la imagen de Estela Carlotto acompañaba la lectura del documento conjunto. La clientela miraba monitores sin sonido, se paraba, aplaudía sin cesar. Nuestro flamante amigo se preguntaba si tal euforia no era ociosa. Si la titular de Abuelas de Plaza de Mayo escuchaba esos vítores, que vibraban en un lugar cerrado a tanta distancia. La respuesta correcta es que sí los registró. Que esas ondas llegan porque la empatía y la pertenencia explican cuestiones que la física clásica no alcanza a percibir. Que la comunión laica tiene razones y produce efectos que operadores mediáticos o CEOS reconvertidos a funcionarios no pueden entender. Y que por eso, a menudo, desprecian, desdeñan o hasta odian a las muchedumbres que se adueñan de las calles y las plazas.
PANORAMA POLÍTICO
Pasitos que retumban
Decenas de pibes en la Diagonal Norte que hacen un contrapunto performático entre caceroleras desquiciadas y Madres de Plaza de Mayo. Ocupan media cuadra. Otra: decenas de pibes y pibas en un larguísimo acoplado. Posan como si estuvieran colgando de los globos amarillos que llevan atados al cuello. Los ahorcados tienen cartelitos en el pecho: Uno dice salarios, otro dice maestros, otro empresas recuperadas, trabajadores, científicos y así en una larga lista que recorre el acoplado. La Chilinga se abre paso con decenas de tambores de rojo en la vanguardia y decenas en retaguardia. En el medio, decenas de bailarines de negro danzan una especie de alegoría que empieza con un estallido de vida y culmina con la muerte. Y en el centro de esa multitud oceánica, la bandera inmensa, de varias cuadras, con las fotografías de los desaparecidos y miles de personas compungidas que la levantan. En la cabeza de la marcha, un puñado de ancianas con el pañuelo blanco, algunas en sillas de ruedas, otras con bastones y andadores, son las que no quisieron moverse en la Trafic con las que se trasladan y se empeñaron en acompañar la manifestación a pie. Detrás hay despliegue de banderas, multitudes que las siguen y animan y todo se resume en ese puñado de ancianas, donde la historia explota y llena de sentidos a la multitud, a la ciudad, al país, en esos pasos pasitos cada vez más titubeantes que retumban. Los padres se las señalan a sus hijos, para que algún día puedan decir que las vieron marchar y en ese diálogo de padres a hijos se teje la historia, se crea un sentido que impregna a la sociedad.
Mientras cientos de miles comulgaban en ese ritual poderosamente emotivo,  en los medios circulaba una foto de los diputados de Cambiemos con las dos consignas que les parecieron más importantes para la fecha: “Nunca más a los negocios en los Derechos Humanos” y “Nunca más a la interrupción del orden democrático”. En ningún lado figuran las palabras tortura, secuestro, desaparecidos, terrorismo de Estado ni golpe militar. Están contra la “interrupción del orden democrático” y todo lo demás, secuestros, desaparecidos, asesinatos, torturas, violaciones, secuestros de bebés, todo lo demás es el “negocio” de los derechos humanos, no algo que cometieron las Fuerzas Armadas que habían usurpado el poder. Había diputados radicales en la foto detrás de esos carteles. Arrastrados por esa cerrazón a los derechos humanos, radicales que en su momento se destacaron como Ricardo Gil Lavedra o el mismo Leandro Despouy fueron arrastrados a convalidar la persecución ilegal y arbitraria contra Milagro Sala lanzada por otro radical, el gobernador jujeño Gerardo Morales. Y la Libertad de Milagro Sala fue una de las consignas centrales del masivo acto por los derechos humanos. Hay un hilo conductor entre esos carteles provocativos, donde las violaciones a los derechos humanos parecen no tener importancia, y el maltrato y la persecución a mansalva contra la dirigente social jujeña. Si no tuvieron importancia las monstruosidades de la dictadura, obviamente tampoco la tienen las violaciones que se cometan ahora. Para los que no lo entienden, la importancia de los actos del 24 de marzo, está en esa enseñanza: lo que no se repudia, se repite, y lo que se olvida también.
Cientos de miles en las calles y un gobierno que no lo encaja. Alguno se asustará y otro le restará importancia. Pero ni el asustado ni el desinteresado entre los Ceos del gobierno entiende. Cientos de miles de personas los interpelan, les reclaman. Nunca estuvieron en un lado ni en el otro. Antes les parecía fácil y ahora no se dan cuenta de la lógica de un diálogo que los excede. Hicieron campaña con el diálogo porque los aconsejó el director de marketing, y lo real hasta ahora ha sido la imposición o el repliegue cuando chocaron con una fuerte resistencia. El diálogo es otra dimensión que se relaciona con la política. No son dos personas que se hablan sin escucharse y sin siquiera pretender entenderse. El diálogo es la dimensión de la política de la que el PRO reniega como política. Millones de personas en las calles durante el mes de marzo, por un lado. Y un gobierno encerrado por el otro. Dos poderes sin contacto, sin puentes. Algún puente o interacción implicaría punto de contacto, política y diálogo, aunque no se encuentren dos personas. La protesta multitudinaria y muy enojada y un gobierno sordo ha sido el escenario este mes de grandes movilizaciones.
La provocación frente a la marcha por los derechos humanos parece gratuita. El gobierno de Cambiemos se pone por fuera del proceso de maduración que la lucha por los derechos humanos le imprimió a la transición democrática en Argentina. Un proceso que ha sido reconocido y alentado en todo el mundo. Hay discusiones que están saldadas en la sociedad después de un gran esfuerzo. Pero quedan grupos minoritarios, relacionados con los militares represores, que se han resistido esos avances. Y Cambiemos se hace cargo de estos reclamos tan injustos y minoritarios. Cuando se habla de la justicia de una sola cara, se olvida de la terrible persecución que sufrieron desde el primer momento por el Estado terrorista los que ellos definen como “la otra parte”. Han sufrido cárcel, secuestros, tormentos, muerte, persecución y destrucción de sus familias. No hubo un solo momento en que “ese sector”, la guerrilla, la militancia popular, dejara de ser perseguido por el Estado. Lo que se hizo con el retorno de la democracia fue terminar con la impunidad del Estado terrorista. No existe Justicia de una sola cara. Eso es un invento para denigrar el fin de la impunidad de torturadores y represores. Hubo dos caras de la supuesta Justicia, y una fue muchísimo más cruel e ilegal que la que se les aplica ahora a los represores. La sociedad ha podido entenderlo. Cambiemos se hace cargo de un reclamo injusto, sectorial minoritario y reaccionario, porque al hablar de justicia de una sola cara, niega el terrorismo de Estado y la justicia de hecho que ellos aplicaron desde el Estado, lo cual es inapelable e innegable como sabe cualquier jurista.
De hecho varios de sus voceros intentaron hacer negacionismo con la cantidad de desaparecidos. No les interesaba esa discusión. Pero les servía para desprestigiar y hacerles perder credibilidad a los organismos de derechos humanos porque cuestionan sus políticas, como ahora que reclaman por la libertad de Milagro Sala. Con esas estrategias en las que participan activamente los radicales que están en el gobierno, echan tierra al impulso que el ex presidente Raúl Alfonsin imprimió a los derechos humanos al comenzar esta difícil transición democrática. Hubo peronistas, socialistas y radicales que lucharon contra la dictadura y la repudiaron. Pero también hubo peronistas, radicales y socialistas que la respaldaron. Los que están ahora se emparentan con ellos al provocar las vergonzozas denuncias de la CIDH por el avasallamiento de la justicia para perseguir en forma ilegal a una dirigente opositora.
La consigna de “Nunca más a los negocios en los DD.HH.” busca el mismo fin de desacreditar a las víctimas de la represión por las reparaciones materiales que recibieron y que son reconocidas como acciones genuinas y legales en todo el planeta en situaciones similares. Si algo se hizo por fuera de la ley, tienen que hacer la denuncia correspondiente por ese caso o casos concretos. Hacer una denuncia genérica como hizo Mauricio Macri, y ahora los diputados de Cambiemos, solamente busca difamar y desprestigiar. 
En ese contexto hostil de la gestión macrista que denuncia de corrupto a cualquiera que se le oponga, la manifestación por el 24 de marzo fue una expresión de gente enojada con este gobierno. Igual sucedió con los cientos de miles que marcharon con los maestros, con las decenas de miles que lo hicieron con los movimientos sociales, con las mujeres del “Ni una menos” y con los cientos de miles que movilizó la CGT. 
Todo lo que se oponga a Cambiemos es denigrante o corrupto sea sindicalista, ex presidente o dirigente de los derechos humanos o de los movimientos sociales. Con esa estrategia de difamación y afrenta gratuita –y la mayoría de las veces infundada– han creado la famosa grieta. Fue una estrategia marketinera de oposición que les resultó efectiva. La han empezado a usar ahora desde el gobierno. Termina funcionando al revés: la imagen de Cristina y Néstor Kirchner se repetía hasta el infinito tanto en las columnas organizadas como en los asistentes por su cuenta. Cuando las medidas económicas acorralan a la gente, esas estrategias de marketing agresivo se revierten en su contra y generan mucho odio. La gente sale a la calle con bronca porque además se siente insultada. Más que con otros gobiernos. Es un gobierno que enloda y persigue a sus opositores y esa estrategia es como gobernar sobre un barril de pólvora.
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24 de marzo de 2017

Mirá las mejores fotos de la Plaza de Mayo por el 24 de marzo

Un 24 de marzo pero de 1976 daba comienzo a una de las dictaduras cívico militares más sangrientas de la Argentina, y desde la vuelta de la democracia, cada aniversario moviliza a miles de personas a Plaza de Mayo para acompañar a las Madres y a las Abuelas para recordar a los 30 mil desaparecidos, para pedir justicia, seguir buscando a los hijos y nietos no recuperados.



Madres y Abuelas: "Paremos con la miseria planificada y el retroceso en derechos humanos"

Rodeadas de partidos políticos, organismos de Derechos Humanos, sindicatos y organizaciones sociales se hicieron presente en la tarima central. Sin acto oficial, el pueblo rememora a las víctimas de la última Dictadura y reclama Memoria Verdad y Justicia.

En el acto central por el Día de la Memoria la Verdad y la Justicia se denunciaron "los enormes retrocesos en materia de derechos humanos" de la actualidad y a la "junta genocida" que contó con la complicidad "de los grupos económicos, la Iglesia, la corporación judicial y la Embajada de los Estados Unidos" en el país, en aquél entonces.
Los representantes de las organizaciones de derechos humanos que encabezaron esta tarde el acto central en Plaza de Mayo por el 41 aniversario del golpe de Estado de 1976 aseguraron que "venimos nuevamente a esta plaza a repudiar los crímenes de lesa humanidad, miles de desapariciones forzadas y presos políticos, mas de 10 mil, las torturas, robos de bebés, el funcionamiento de centros clandestinos de detención, la censura, la mentira organizada, la pobreza programada, una guerra por Malvinas con delitos de lesa humanidad, la deuda externa que provocó hambre por decadas, el exilio".
Con 'Taty' Almeida como principal oradora del acto central en representación de las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, leyó un comunicado en el que criticó al gobierno de Mauricio Macri y remarcó que no podrán "borrarnos la memoria" y aseguró, ante la polémica de varios funcionarios de Cambiemos que ponían en duda el número de desaparecidos, aseguró que "vamos a seguir gritando presente por los 30 mil", y exigió poner fin a la "miseria planificada". 
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El repudiable mensaje de los diputados de Cambiemos en el día de la Memoria

En el marco del 24 de Marzo, donde se recuerda a las víctimas del terrorismo de Estado y las consecuencias políticas y económicas que dejó la última Dictadura cívico-militar, Legisladores del oficialismo posaron junto a un cartel que dice "Nunca más a los negocios con los DDHH".


Ni en el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia algunos sectores de la política argentina se toman en serio lo que significó que un sector haya tomado el poder por las armas para instalar un plan económico a la fuerza y aniquilar (con secuestros, torturas y desapariciones) a los miembros de las expresiones políticas contrarias a ese proyecto. 
"Nunca más a los negocios con los DDHH", dice el cartel que sostiene parte de los diputados de Cambiemos, que difunden orgullosos por las redes. "Nunca más a la interrupción del orden democrático", es el otro cartel que como crítica a lo que fue la Dictadura de 1976 a 1983 es como mínima, liviana. 
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Fuertes críticas a Macri: "Tiene los mismos objetivos que Martínez de Hoz"

En un día tan emblemático como lo es el aniversario del inicio del Golpe de Estado por parte de la última dictadura cívico-militar, el presidente Mauricio Macri se encuentra en Holanda y su gobierno no organizó ningún acto en conmemoración. Los organismos de derechos humanos muy duros con él.

Durante el acto central en Plaza de Mayo por el 41 aniversario del golpe de 1976, uno de los representantes de los organismos de derechos humanos calificó a la administración de Cambiemos de "gobierno antipopular", lo cual generó entre los presentes el cántico "Macri, basura, vos sos la dictadura".
También aseguraron que se trata de un "gobierno antipopular" y sostuvieron que su modelo económico "tiene los mismos objetivos que (José Alfredo) Martínez de Hoz".
"Vamos a seguir exigiendo la libertad para Milagro Sala", indicaron los dirigentes en la lectura del documento, tras lo cual sostuvieron que "el modelo económico busca que haya menos derechos de los trabajadores, destrucción de la industria nacional, aumento indiscriminado de la deuda externa y alineamiento con Estados Unidos y el FMI". 
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